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Coordina Valeria Selinger
viernes, 21 de marzo de 2008
¿Para qué hablar de cine si el cine se hizo para ser visto y para ser oído?
Contestar a esa pregunta sería como contestar a por qué hablar de amor si el amor se hizo para ser... ¿amado? ¿vivido? ¿soñado?
El parentesco o la asociación libre viene quien sabe del hecho que al cine se lo ama, se vive y se sueña. O simplemente uno alquila dvd o enciende la pantalla del televisor.
Yo soy de las primeras, de las que, un poco chapadas a la antigua, me gusta acurrucarme en la butaca, sentir que la luz tenue me invade, que la sala en penumbras me mece y me canta, me invita a entrar en la pantalla, concectarme con seres de celuloide, con actores más o menos conocidos.
Me gusta oler el cine, me gusta oir el cine.
Contestar a esa pregunta sería como contestar a por qué hablar de amor si el amor se hizo para ser... ¿amado? ¿vivido? ¿soñado?
El parentesco o la asociación libre viene quien sabe del hecho que al cine se lo ama, se vive y se sueña. O simplemente uno alquila dvd o enciende la pantalla del televisor.
Yo soy de las primeras, de las que, un poco chapadas a la antigua, me gusta acurrucarme en la butaca, sentir que la luz tenue me invade, que la sala en penumbras me mece y me canta, me invita a entrar en la pantalla, concectarme con seres de celuloide, con actores más o menos conocidos.
Me gusta oler el cine, me gusta oir el cine.
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